14:24 h. Lunes, 24 de Abril de 2017

Diario de Conil

El momento presente

Catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada. Escritor y articulista.

José Antonio Hernández Guerrero | 17 de Septiembre de 2016

Es posible –querido amigo, querida amiga- que los seres vivos no podamos alargar nuestras vidas; pero también es verdad que, si nos decidimos, podremos dilatar y ahondar cada uno de nuestros minutos. Si nos empeñamos, este preciso instante puede ser el más rico de nuestra existencia. Podremos extenderlo, ensancharlo y profundizarlo; podremos aprovechar hasta sus más mínimas partículas; podremos saborear y extraer toda su sustancia y todo su jugo. Este momento es el cofre mágico que, probablemente en desorden, guarda todas las experiencias vitales que hemos acumulado a lo largo de nuestra vida. Aquí están las alegrías y las penas, los sufrimientos y los placeres, el trabajo y el ocio: los tesoros que constituyen el balance de nuestro capital biográfico.

En el fondo secreto de este baúl prodigioso también se encuentran, quizás escondidos y enmarañados, los proyectos, las ilusiones y las esperanzas que deben orientar nuestros pasos y estimular nuestra marcha ascendente. En nuestras manos –en nuestra decisión y en nuestra habilidad- está la posibilidad de que rentabilicemos o desperdiciemos todas las ganancias acumuladas hasta ahora. El momento presente es la ocasión decisiva para recuperar, para aprovechar y para disfrutar todos los otros momentos que constituyen nuestro pasado -ya suavizado por el tamiz del recuerdo- y nuestro futuro -encendido por el fuego de las ilusiones-. Ésta es la oportunidad para seguir la ruta emprendiendo nuevos derroteros.

De nuestra falta de voluntad y de la carencia de destreza también depende, por supuesto, que renunciemos a vivir, que nos abandonemos tranquilamente a la apatía, que nos dejemos dominar por la indolencia, por la dejadez, por la desidia o por la pereza. “Si nos empeñamos, este rato puede ser el más largo, el más importante y el más agradable de nuestra vida”. Estas fueron las palabras que Lola Borbón me dirigió en una habitación del Hospital Mora, cuando, tras conocer el diagnóstico de su enfermedad –un retículo-sarcoma- el médico le pronosticó quince días de vida.  

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